Un capricho que está muy rico, pero por laborioso, para hacer de vez en cuando. Trabajándose un poco más los ingredientes a colocar sobre la base, puede quedar muy resultón.

Y si os permitís pecar un poco añadiéndole algo de queso, seguramente el resultado final quede muy, muy parecido a las pizzas “tradicionales”. A mi me gusta mucho tal cual os la presento…

Mini pizzas sin almidón - como pienso como

Ingredientes
  • ½ vasos de almendra molida
  • 1 vaso de coliflor muy picada (½ coliflor pequeña)
  • 1 huevo
  • 1 cebolla
  • 3 zanahorias
  • 5 tomates (eran de rama, más bien pequeños)
  • 1 calabacín
  • aceite de oliva virgen extra prensado en frío
  • sal marina sin refinar
  • pimienta negra
  • orégano
  • albahaca
Preparación
  1. Comenzamos por la base picando o rallando muy menudita la coliflor. Supongo que se puede utilizar un procesador, pero las dos veces que las he hecho, la he ido cortando muy, muy fina, de forma que cayeran los bultitos que la forman (queda una especie de cuscus, con tropezones un poco más gordos. A mi no me molestan).
  2. En un bol añadimos 1 vaso y medio de almendra molida, el vaso de coliflor cruda picada, 1 huevo y sal. Mezclamos bien hasta que la pasta sea lo más homogénea posible.
  3. Precalentamos el horno a unos 160ºC mientras sobre una bandeja con papel de hornear, colocamos la pasta de la base. En vez de hacer una sola base grande, prefiero hacer 4 más pequeñas individuales (supongo que por miedo a que la base no sea tan consistente como una de pan con harina).
    Creo una bola y la voy aplastando sobre el papel procurando que los bordes no se abran demasiado y reuniéndolos con el resto de la masa cuando lo hacen. El grosor de mis bases calculo que era algo superior a medio centímetro (entre 0.5 y 1 cm).
    Una vez en el horno, acordaos de echar un vistazo de vez en cuando para evitar que se pase la coliflor. Si se tuesta demasiado el sabor no es agradable. Yo las saqué justo justo a tiempo (no me hubiera importado haberme acordado de ellas unos minutos antes).
  4. Mientras se van horneando las bases, vamos preparando los ingredientes que irán sobre ellas. En este caso, cociné el tomate rehogando la cebolla y las zanahorias muy picadas y añadiendo después los tomates, sal y albahaca (no utilizo azúcar para contrarrestar la acidez del tomate. Le añado zanahoria, que le pone un punto dulce que me gusta mucho… de ahí ese color anaranjado de la salsa que veis sobre la base). Podemos dejarla con los tropezones o batirla para homogeneizarla. En esta ocasión para que quedase más fino la batí.
  5. El calabacín confieso que había sido horneado previamente. Simplemente lavado, cortado en rodajas, salpimentado y con un pequeño chorrito del aceite de oliva.
  6. Una vez fuera del horno las bases, ponemos la capa de salsa de tomate y sobre ésta, los calabacines. Un poco de orégano por encima, unos minutos al horno para que se caliente todo junto (poco, ya está todo cocinado) y listo para comer.

La vez anterior que las cociné, hice más bases y sobre ellas, ingredientes de lo más variado: con puerro y zanahorias, de pimientos con cebolla y ajo, pimiento y calabacín…
Espero que os guste y me contéis de qué las hacéis ; -)

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