Encuentro muy difícil compartir lo aprendido a lo largo de estos años, sin colaborar más a la confusión y la sobresaturación de información que hoy en día inunda las redes. Por eso creo que es importante recapacitar sobre todo esto.

Hay una cita que se atribuye a Einstein que dice:

“La educación es lo que permanece después de que uno ha olvidado lo que aprendió en el colegio”.

No quiero entrar en un análisis sobre lo mejorable del sistema educativo, pero sí viene a cuento de lo que voy a tratar en esta publicación. Porque desde bien pequeños, de una forma más o menos directa, se nos empuja a asociar emociones negativas con el error. ¡Una lástima!

El error de temer el error

Cuando se examina a un niño para que demuestre lo que ha aprendido y se le valora con una etiqueta (numérica o no), ¿qué se hace con el error? ¿Se ignora? ¿Se teme? ¿Se castiga? ¿Se asume porque es lo que hay? Supongo que el efecto depende de la magnitud del error, entre muchos otros factores del entorno (educación familiar, cultura, trayectoria…).

Pero, ¿cuántas veces se va un poco más allá y además de preguntar por el resultado, se indaga sobre qué no se ha comprendido o dónde se han tenido más dificultades para ver cómo vencerlas? ¿No consiste precisamente en eso el aprendizaje? ¿En completar carencias y mejorar aptitudes, actitudes…?

El error tiene un potencial didáctico brutal, pero lo perverso de nuestra cultura es que lo ignora o esconde en el mejor de lo casos, o lo identifica con el fracaso, alejándonos de una increíble oportunidad de autoconocimiento, de mejora y de profundizar en nuestras debilidades para continuar nuestro crecimiento.

Por eso, más que compartir directamente cada una de las cosas que me hicieron mucho bien en mi recuperación, creo que puede invitar más a la reflexión y ser más didáctico, compartir dónde y por qué me equivoqué. Quizás así identifiques antes si tú también estás cayendo en (auto)engaños similares. Por mi experiencia (algo puede extraerse de los artículos mi experiencia con Hashimoto y mi experiencia con la espondilitis), la que compartieron otras personas conmigo (¡gracias!) y lo que va aportando mi formación, incluiré también algunos errores en los que creo que es fácil o común perderse un tiempo.

 

– Artículo en creación. Irá ampliándose periódicamente –