Que se quiten las rosas, tulipanes o lo que sea. ¡Con un ramo de estas flores sí que me conquistan! Me requetepirran las alcachofas. Cuando empieza la temporada las recibo como los niños la noche de Reyes.
Como conozco a personas que sólo las comen envasadas, os comparto cómo las limpio. No cuesta tanto y el sabor le da mil vueltas incluso a las mejores conservas (que hay algunas infumables – normal que pienses que no te gustan si sólo has probado en tarro).

Elaboración
- Lo primero que hacemos es quitar con las manos las «hojas» exteriores hasta que los pétalos más o menos, tengan todo la misma longitud (foto superior izquierda).
- Después, las cortamos más o menos por la mitad (foto superior derecha). Para algunos esto será demasiado poco, pero no tengo problema con encontrar fibras gorditas y sacarlas luego. Si es la primera vez que las vas a hacer, te sugiero probar así y para la próxima, ya calibras si necesitas acercarte más al corazón o te aventuras a chupar pétalos más robustos. El tallo si es muy fino lo desecho, pero si tiene cierto grosor, lo pelo hasta que quede esa especie de «médula» blanca, y la cocino también. Ya veréis que bastante desperdiciamos con los pétalos exteriores…
- Dependiendo cómo las vaya hacer las dejo enteras, las corto a la mitad, en láminas, en cuartos o sextos… Son súper versátiles.
Por ejemplo cuando las hago al vapor, las corto en láminas o en seis partes para que se cocinen antes. Después simplemente las aliño bien con sal, aove, a veces ajo en polvo, si tengo paleta ibérica o alguna anchoa les va de lujo…
A veces las meto al horno, las hago a la plancha, las incluyo en guisos (alcachofas con gambones y shiitake), simplemente cocidas o ¡confitadas!
Si al comerlas se te pone tripa de embarazada y tienes molestias, muy probablemente se deba a la fiesta que algunos microorganismos de tu intestino se están montando con las fibras fermentables de la alcachofa. Si te sucede con éste u otro alimento, no lo dejes pasar. No renuncies a los alimentos que no toleras porque se irá empobreciendo tu microbiota. Además, eliminar el disparador de las molestias nos protege del síntoma, pero no arregla por sí mismo el problema.
Convendría indagar qué hay detrás de estos problemas exactamente, comenzando por todos tus hábitos (centrarnos sólo en lo que ponemos en el plato se queda muy, muy corto). No te resignes a evitar alimentos tan interesantes (por muchos motivos) y deliciosos como éste, y busca ayuda (me encantaría que me incluyeras entre tus opciones).
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