Si queréis comer hígado (porque sabéis lo nutritivo que es) pero os desagrada la textura o un poco el sabor, quizás esta receta sea para vosotros. Podéis encontrar más recetas en internet que seguro que tienen un acabado más «profesional», pero yo lo hice así un día, y salió muy rico.
Ingredientes
- 3 cebollas hermosas
- hígado (mucho, no lo pesé, más de 1 Kg fácil)
- sal marina
- pimienta negra
- clavo
- pimienta de Jamaica
- orégano seco
- cilantro en polvo
- aceite de oliva virgen extra (aove)
Elaboración
- Cortamos en juliana las cebollas y la pochamos bien en una cantidad generosa de aceite. Fuego no muy fuerte, le llevará su tiempo.
- Mientras, cortamos el hígado en trozos y una vez bien pochada la cebolla, lo añadimos a la sartén. Revolvermos de vez en cuando.
- Como tengo las pimientas en molinillos, fue moliendo a ojo, sin contar granos (disculpad la imprecisión). Usé abundante pimienta negra porque no me importaba que se notara. También bastante pimienta de Jamaica y 6 o 7 clavos (no os lo dejéis, porque le da un punto maravilloso – ojo a las cantidades, tened en cuenta que yo estaba manejando mucho hígado). Con las hierbas aromáticas fui más comedida.
- Una vez todo cocinado, dejé enfriar y lo batí con el accesorio triturador de la batidora. Se hace enseguida.
- Podemos guardarlo en tarros pequeños, tamaño yogur por ejemplo. A mí me salieron 5 tarros. Uno se quedó en el frigo (es el que usé para las fotos) y los otros los metí al congelador para ir sacando más adelante.

No nos vamos a empeñar si realmente nos genera asco ingerir este tipo de alimentos. Sería fantástico tener menos remilgos con la casquería porque si nos pusiéramos a hablar de superalimentos, el hígado estaría entre ellos. Por su contenido en vitaminas y minerales es súper interesante, especialmente si tienes problemas con tu sistema inmunitario (por citar algo).
Es increíble que desechemos las partes más interesantes nutricionalmente por prejuicios. ¿De verdad es tan diferente como músculo u otro órgano? Si me paro a pensar, a mí todavía me cuesta aceptar que un animal muera para comer yo. Así que aprovechar al máximo los tejidos y no tirar lo comestible, es lo mínimo que se puede hacer. A quien este argumento le parezca estúpido o insuficiente, puede pensar en su cartera. Aún siendo de ganado de pasto, la casquería suele ser más económica que otros tipos de carne. Y en serio, si os cuesta comer un filete de hígado por la textura pero os gusta el paté, probar esta receta (u otras por internet) .
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